Hay estrenos que llegan con expectativa, y otros que llegan con una carga emocional que se siente desde antes de que inicie la función. Así pinta el panorama de «Soy Mario» en Premio Maguey, una de las propuestas que formarán parte de este importante escaparate dentro del Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Y no es para menos: la película dirigida por Sharon Kleinberg ya empieza a generar conversación por la historia que pone sobre la mesa.
Soy Mario sigue la vida de Mario, un taxista trans de cuarenta años que, tras quedar embarazado, se enfrenta a la posibilidad —tan inesperada como profundamente deseada— de convertirse en padre. Bajo esa premisa, la cinta no solo plantea una historia poco explorada en el cine, sino que también abre la puerta a una reflexión mucho más amplia sobre identidad, cuerpo y decisiones personales.
Un estreno que suma al diálogo del Premio Maguey
Dentro del Premio Maguey, conocido por visibilizar narrativas diversas y retadoras, Soy Mario se perfila como una de esas películas que no pasan desapercibidas. Y es que más allá de su argumento, la cinta llega en un momento donde las conversaciones sobre identidad y nuevas formas de familia están más presentes que nunca.
La selección de esta película no parece casual. El Premio Maguey ha construido su identidad justamente apostando por historias que cuestionan lo establecido, y en ese sentido, la propuesta de Kleinberg encaja perfectamente. No busca provocar por provocar, sino presentar una experiencia humana desde un lugar honesto y sin concesiones.
Una historia íntima en un escenario colectivo
Lo interesante de que Soy Mario se presente en este contexto es cómo una historia tan personal se transforma en un diálogo colectivo. Verla dentro de un festival como el FICG implica también escuchar reacciones, generar conversación y, probablemente, incomodar un poco. Y eso, en el mejor de los sentidos, siempre es valioso.
La película promete una mirada sensible sobre la masculinidad, la transformación y la posibilidad de reinventarse. Pero también deja entrever algo más: la urgencia de contar historias que expandan nuestra manera de entender el mundo.
Al final, su paso por el Premio Maguey no solo será una vitrina, sino una prueba de cómo el cine sigue siendo ese espacio donde lo íntimo se vuelve universal. Y sí, Soy Mario parece lista para quedarse dando vueltas en la cabeza de quienes se animen a verla.