Para Regina Voce, volver a una competencia internacional no significaba entrar desesperadamente por demostrar que todavía podía hacerlo. A sus 45 años y después de una carrera construida sobre escenarios de distintos países, llegó a Drag Race México: Latina Royale con otra intención: utilizar el programa como un escaparate para mostrar quién es Regina hoy.

Una idea de Michelle Visage terminó acompañándola durante el proceso: “All TV is good TV”. Regina tomó el consejo casi literalmente. Si nuevamente tenía frente a ella una cámara y una plataforma internacional, quería hacer televisión, disfrutarla y permitir que la audiencia conociera una versión de sí misma atravesada más por la hermandad que por la necesidad de demostrar.

“Es un privilegio y un honor que me consideren una de las mejores latinas en el drag, así que cómo decir que no”, contó a La Reseña Que Nadie Pidió.

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Regina Voce llegó a Latina Royale pensando más en compartir que en competir

Regina define su paso por el programa como un showcase. Eso no significa que dejara de importarle el resultado, sino que su manera de aproximarse a la competencia había cambiado. Quería disfrutar, aprender de las otras artistas y mostrar una faceta que considera fundamental en la persona que es actualmente.

“Quería que también conocieran mi discurso de quién soy hoy, de camaradería, de hermandad, de apoyar a las hermanas”, explicó.

Regina asegura ser esa artista que observa y admira genuinamente el trabajo de sus compañeras. Después de tantos años de trayectoria, todavía encuentra algo que aprender de quienes están a su alrededor. Pero Latina Royale también terminó poniéndola frente a una realidad que no podía solucionar únicamente con experiencia.

Competir a los 45 años también significó reconocer los cambios de su cuerpo

Cuando llegó el reto de Girl Bands, Regina pensó inicialmente que estaba entrando en territorio conocido. Cantar, bailar y presentarse frente al público forman parte de su trabajo habitual. Sin embargo, enfrentarse a competidoras diez, quince o incluso veinte años menores hizo evidente una diferencia que decidió abordar sin disfrazarla.

“Me cuesta más trabajo el tacón a los 45 que a los 20, desde luego”.

Para Regina fue un “golpe de realidad” reconocer que el baile le exige actualmente un esfuerzo diferente al de los años en los que entrenaba danza. Eso tampoco significa que estuviera de acuerdo con el resultado del episodio: considera que hizo suficientes cosas bien como para no merecer estar en el bottom. Pero ahí apareció otro aprendizaje. No tenía control sobre la decisión del jurado.

Su formación como actriz le permitió, cuenta, asumir esa posición desde una disciplina bastante sencilla: aceptar la indicación y hacer lo mejor posible con aquello que sí estaba bajo su control.

“De 30 para arriba, en la madre”

La conversación sobre el cuerpo terminó llevando a Regina hacia algo bastante más grande que un reto de Drag Race: la relación que existe entre edad y visibilidad dentro de la propia comunidad LGBTQ+. Y aquí no utilizó demasiados eufemismos.

“Sobre todo en el ambiente gay, o sea, tú lo ves en las redes sociales, Grindr y en todas esas. Güey. No, señores; no, señores. ¿De cuánto? De 30 para arriba, en la madre”.

Detrás del humor aparece una crítica bastante concreta: la idea de que alcanzar cierta edad disminuye automáticamente el valor, atractivo o relevancia de una persona gay. Regina tiene 45 años. O, como ella misma decidió explicarlo con bastante más gracia: “Tengo 15 años que hace 15 años tenía 30”.

Pero la broma desemboca inmediatamente en algo que considera mucho más serio. “La edad en nuestra comunidad no debería de importar tanto, más bien no debería ser una sentencia de no visibilidad”.

Regina Voce quiere demostrar que “ser señor siendo gay está bien padre”

El mensaje que Regina quiere dejar después de Latina Royale tampoco consiste en fingir que la edad no existe. Existe. El cuerpo cambia. Bailar puede requerir otro esfuerzo. Las generaciones nuevas llegan con habilidades diferentes. Y reconocerlo no necesariamente implica asumir que una carrera artística comenzó su cuenta regresiva.

Ahí está precisamente la diferencia. Regina no está intentando demostrar que a los 45 puede comportarse exactamente como lo hacía a los 20. Está defendiendo que tener 45 tampoco debería obligarla a desaparecer.

“Ojalá que a mi paso por ahí la gente diga: ‘Pues no, el ser señor siendo gay está bien padre’”.

En una cultura queer donde juventud, cuerpo y deseo han estado históricamente atravesados por expectativas bastante rígidas, ver a artistas de distintas generaciones ocupar escenarios también amplía nuestra idea de quién tiene permitido permanecer visible. Y quizá esa sea una de las cosas más interesantes de que Regina haya decidido mirar Latina Royale como un escaparate y no solamente como una carrera hacia otra corona.

Las competencias necesitan encontrar quién llega primero. Los showcases permiten preguntarnos quiénes todavía merecen ser vistos.

Y Regina Voce tiene bastante claro que cumplir años jamás debería sacarnos del escenario.

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