La artista de Drag Race España 6 encontró en el cine, el arte contemporáneo y la música las herramientas para construir una identidad que desafía la idea de que el drag siempre necesita más para decir algo. En entrevista exclusiva para PassDragPort, Liz Dust habla de su proceso creativo, su experiencia en la competencia y el sueño de llevar sus espectáculos a México.

En un universo artístico donde el exceso suele ser sinónimo de espectáculo, Liz Dust decidió explorar qué sucede cuando comenzamos a quitar elementos en lugar de agregarlos. No para desaparecer, sino para encontrar aquello que verdaderamente merece nuestra atención. Esa búsqueda la llevó a construir una propuesta drag donde el cine, el arte contemporáneo, el teatro y la música conviven con una pregunta que ha acompañado buena parte de su carrera: ¿cómo encontrar una voz propia?

Después de su participación en la sexta temporada de Drag Race España, la artista conversó con La Reseña Que Nadie Pidió, en una nueva entrega de PassDragPort, la colaboración editorial que conecta las historias del drag internacional con la Dragversidad.

Durante la entrevista, Liz habló sobre los referentes femeninos que han inspirado su estética, el proceso que la llevó del lipsync al canto, las exigencias creativas del reality y los proyectos que espera desarrollar fuera de la televisión. También compartió su interés por presentarse en México, un país por cuyo público siente una afinidad especial.

Evoto

Liz Dust: del cine europeo al arte contemporáneo

Para comprender el universo artístico de Liz Dust hay que mirar más allá de las referencias habituales del drag televisivo. Cuando le preguntamos de dónde surge su personaje y cuáles son sus principales inspiraciones, explicó que su propuesta ha evolucionado con el tiempo, pero que actualmente encuentra una influencia especialmente importante en el cine y el arte contemporáneo.

Entre sus referentes aparecen Cate Blanchett y Tilda Swinton, dos actrices cuyas trayectorias han explorado personajes, estéticas y formas de interpretación muy diferentes. A ellas se suman figuras del cine y el teatro español, así como artistas contemporáneas como Marina Abramović y Sophie Calle.

La relación de Liz con estas disciplinas no es casualidad. Su formación en Bellas Artes le permitió acercarse a diferentes lenguajes visuales y escénicos, especialmente al trabajo de creadoras que han utilizado su cuerpo, su imagen y sus experiencias como parte de su producción artística.

“Siempre he visitado mucho el trabajo de este tipo de figuras femeninas que al final me sirven de inspiración”, explicó.

La música también forma parte de ese universo de referencias, aunque su incorporación como herramienta artística llegaría de una manera distinta.

“Es quitar para enfocar”: el minimalismo como lenguaje drag

Una de las características más reconocibles de Liz Dust es su relación con el minimalismo. En una disciplina donde frecuentemente se celebra el principio de que más es más, su propuesta puede parecer una contradicción. Sin embargo, para ella no se trata de rechazar el espectáculo, sino de encontrar otras maneras de construirlo.

Al preguntarle cómo llegó al minimalismo, Liz explicó que su trayectoria comenzó con la experimentación corporal y estética, hasta que su experiencia en el diseño la llevó a cuestionar la necesidad de cada elemento.

“¿Puedo contar lo mismo con menos?”, fue la pregunta que comenzó a transformar su proceso creativo.

Liz reconoce que trasladar esta idea al drag representa un riesgo, precisamente porque el medio permite experimentar con el exceso, las grandes siluetas y los elementos visuales más extravagantes. Pero su intención nunca ha sido reducir el impacto de una presentación.

“No tiene que ver el restar o quitar cosas para desaparecer, todo lo contrario. Es quitar para enfocar”. Su búsqueda también incluye lo que llama el purismo de las formas, una idea que aplica tanto a los vestuarios como a la estructura de sus propuestas escénicas. El objetivo es que cada elemento tenga una razón para estar presente.

LEER: Supremme de Luxe después de seis temporadas de Drag Race España: “Ojalá no nos quiten otra vez espacio”

Los museos y el drag que dialoga con otras disciplinas

Durante nuestra conversación también surgió el nombre de Leonora Carrington, artista surrealista cuya obra tiene una profunda relación con México. Al preguntarle si había encontrado inspiración en figuras vinculadas al país o si reconocía conexiones entre su trabajo y algunas de esas corrientes artísticas, Liz explicó que una parte importante de su proceso ocurre de manera intuitiva. No todas las referencias que aparecen en una creación son necesariamente conscientes.

“Yo trabajo mucho con la intuición y sé lo que quiero”.

Como ejemplo mencionó una de sus propuestas, El jardín de las delicias, en la que incorporó elementos cuidadosamente seleccionados para construir un concepto visual. Entre ellos destacó la presencia de orfebrería y joyería diseñada para genitales, una elección que podría encontrarse con mayor facilidad dentro de una exposición de arte contemporáneo que en una pasarela convencional de Drag Race.

Precisamente ahí identifica uno de los riesgos que le interesa asumir. Para Liz, el drag no debería convertirse en una disciplina con reglas estéticas inamovibles.

“Tenemos que ser transversales”, afirmó al explicar la importancia de nutrirse del cine, los museos y otras expresiones culturales. Su reflexión también alcanza al crecimiento internacional de los concursos drag. Liz considera que la expansión de estos formatos ha contribuido a que determinadas propuestas comiencen a parecerse entre sí, algo que, desde su perspectiva, puede dificultar que cada artista encuentre un elemento diferenciador.

Por eso defiende la experimentación y la posibilidad de incorporar referencias que no necesariamente forman parte del imaginario más popular del drag.

De hacer lipsyncs a encontrar su propia voz

Aunque su formación visual es una parte importante de su trayectoria, Liz Dust también ha desarrollado una relación cada vez más cercana con la música. Al preguntarle cómo comenzó a cantar, explicó que su acercamiento a la técnica vocal ocurrió de manera casi accidental.

Liz trabaja en un restaurante espectáculo donde Mónica Naranjo es una de las socias, por lo que la cantante española ha sido una referencia cercana dentro de ese entorno profesional. Sin embargo, esa misma referencia también le generaba cierta exigencia. Durante mucho tiempo no se atrevió a cantar, hasta que conoció a la profesora de técnica vocal de Naranjo y decidió comenzar a tomar clases. El proceso fue gradual. Primero trabajó con piezas sencillas y, conforme desarrolló sus habilidades, descubrió nuevas posibilidades para su voz.

Liz compara el entrenamiento vocal con el trabajo físico: una disciplina que necesita práctica, constancia y conocimiento técnico. Pero detrás de esa formación existía una motivación que iba más allá de aprender a cantar.

“Pasé de hacer lipsyncs a que mi objetivo fuera tener mi propia voz. En el sentido literal y en el sentido más poético”.

Para ella, utilizar su voz se convirtió en una forma de crecimiento artístico y en una herramienta adicional para expresar aquello que antes comunicaba principalmente a través de la imagen y la interpretación.

Drag Race España 6: cuando el proceso creativo se enfrenta al reloj

Encontrar una voz propia también implica aprender a trabajar con las exigencias que acompañan cualquier proceso artístico. Durante su participación en Drag Race España 6, Liz vivió momentos en los que su manera habitual de crear tuvo que adaptarse a los tiempos de una competencia televisiva. Al preguntarle si había experimentado un choque entre su proceso creativo y las condiciones del reality, su respuesta fue inmediata.

“Sí, totalmente”.

Liz explicó que durante buena parte de la competencia consiguió adaptarse a los retos y resolver las dificultades conforme aparecían. Sin embargo, llegó un momento en el que el cansancio acumulado comenzó a afectar su capacidad de respuesta. Uno de los desafíos más complicados fue preparar un número musical en un periodo especialmente reducido. Según relató, el encargo se realizaba por la tarde y debía entregarse a la mañana siguiente. Para una artista acostumbrada a desarrollar sus proyectos con mayor tiempo de preparación, el ritmo resultó vertiginoso.

“No voy a pedir dos meses que paren el programa para hacer una canción”, comentó con humor, aunque reconoció que incluso disponer de un par de horas adicionales habría representado una diferencia importante. A esto se sumaba que el género musical solicitado no era necesariamente cercano a sus intereses. Liz explicó que determinados estilos de pop le resultan difíciles de interpretar y que la necesidad de incorporar baile aumentó la complejidad del reto.

Su autoexigencia terminó convirtiéndose en otro factor. Después de aproximadamente tres semanas de grabación, el cansancio físico y mental comenzó a acumularse.

“Fue un momento de tirar la toalla un poco, de ‘no puedo más’”.

Más que presentar esa experiencia como un conflicto con la producción, Liz la describe como el resultado de intentar mantener sus propios estándares creativos dentro de un formato que exige resolver constantemente nuevos desafíos. Liz reconoció que no podía asegurar que todas compartieran su mismo proceso artístico, pero sí percibió que la exigencia del programa afectaba de distintas maneras a las participantes.

Incluso recordó que algunas de las artistas que abandonaron la competencia después de ella parecían experimentar una sensación de alivio. No porque consideraran el programa una experiencia negativa en sí misma, sino por el desgaste que puede producir trabajar bajo presión durante un periodo prolongado. Liz lo comparó con la entrega constante de proyectos profesionales.

La diferencia es que, dentro del reality, apenas se termina un desafío cuando comienza el siguiente. “Era la entrega de un proyecto constante, que cuando cerrabas uno abrías otro”. Para una artista acostumbrada a decidir qué proyectos desarrollar y cuánto tiempo dedicarles, ese ritmo representó una adaptación considerable.

Su reflexión permite observar otra dimensión de las competencias drag: detrás de cada presentación también existen jornadas de trabajo, decisiones creativas y distintos niveles de exigencia personal.

TE PODRÍA INTERESAR: Joan Chevalier: el arte de ser diferente y convertir los prejuicios en algo extraordinario

La honestidad artística de Liz Dust y la importancia de defender sus ideas

Una de las características que más llamaron nuestra atención durante su participación fue la seguridad con la que Liz defendía su propuesta. Al preguntarle si esa actitud provenía de su experiencia y qué podía aprender de ella una nueva generación de artistas drag, Liz hizo una precisión importante. No considera que estuviera imponiendo límites de manera deliberada.

“Yo simplemente quería ser honesta. Honesta con lo que yo soy, con lo que yo defiendo”.

Para ella, sus decisiones artísticas no responden a una postura improvisada, sino a años de trabajo, formación y reflexión. Por eso no estaba dispuesta a abandonar sus ideales únicamente para adaptarse a las expectativas de un concurso. También aclaró que la imagen minimalista que mostró durante su paso por Drag Race España no representa toda su capacidad estética.

Según explicó, varios de los vestuarios que le correspondió presentar coincidieron con propuestas especialmente sobrias, pero había preparado otros diseños con siluetas y lenguajes muy diferentes.

“Parecía que era la reina de lo mínimo”. Liz aseguró que continuará compartiendo en sus redes sociales los estilismos que preparó, con la intención de mostrar la variedad de su trabajo. Su mensaje no es que todas las artistas deban adoptar el minimalismo, sino que cada una pueda desarrollar una propuesta coherente con su identidad.

El roast que Liz Dust quería hacer y la final que imaginaba

Aunque su paso por la competencia le permitió mostrar varias facetas, también existieron desafíos que le habría gustado experimentar. Cuando le preguntamos qué hubiera querido presentar antes de abandonar el programa, Liz aseguró que se marchó en paz porque consideraba que el público había conseguido conocer una parte importante de su personaje.

Especialmente, agradeció haber tenido la oportunidad de mostrar sus habilidades como actriz. Sin embargo, confesó que le habría encantado participar en un roast, un formato de comedia que forma parte de su trabajo habitual.

“Me hubiera encantado un roast, para que vieran cómo elaboro un texto”.

Liz explicó que realiza este tipo de presentaciones durante sus espectáculos de fin de semana, por lo que habría disfrutado demostrar esa experiencia dentro de la competencia. También reconoció que le habría gustado llegar a la final y defender un número musical de gran formato.

Aun así, considera que los episodios en los que participó permitieron construir una imagen bastante clara de su propuesta. “Con lo que se ha mostrado, yo creo que ha quedado muy claro quién soy y lo que sé hacer”.

TE PODRÍA INTERESAR:

De la comedia al punk: las diferentes caras de Liz Dust

Otra de las sorpresas de su participación llegó durante el reto relacionado con el sketch de comedia, donde mostró una faceta cómica que contrastaba con algunas de sus presentaciones más conceptuales. Al preguntarle qué lugar ocupa la comedia dentro de su carrera, Liz respondió con una descripción que resume buena parte de su personalidad.

“Soy muy señora y a la vez muy comedianta”.

Pero añadió otra palabra que considera fundamental: excéntrica. Su propuesta puede transitar desde una interpretación glamurosa, delicada e intimista hasta números mucho más provocadores, irreverentes y cercanos al punk. Durante la conversación, le compartimos que en México podríamos describir esa faceta como “alternativona”, una expresión que recibió con entusiasmo.

“¡Ay, me encanta! Alternativona”.

Para explicar esa dualidad mencionó a Lady Gaga, una artista capaz de pasar de una interpretación de jazz a una propuesta mucho más experimental y transgresora. Liz reconoce algo similar en su propia manera de entender el espectáculo. No busca limitarse a una sola estética o género, sino conservar la libertad de transitar entre diferentes registros.

¿Liz Dust regresaría a Drag Race España en una repesca?

Después de hablar sobre sus proyectos y las distintas posibilidades que le habría gustado explorar, le preguntamos si estaría dispuesta a regresar a Drag Race España en caso de que existiera una repesca. Su respuesta fue afirmativa, aunque acompañada de una condición bastante razonable.

“Por supuesto, claro que sí. Hombre, una cuando ya ha comido, ha bebido, ha dormido y ha descansado, se puede volver perfectamente”.

Liz aprovechó para bromear sobre su signo zodiacal y las cosas que considera fundamentales para sentirse preparada.

“Yo soy muy Tauro. Me gusta comer, me gusta dormir y me gusta hacer el amor”. Para ella, recuperar la energía después de una experiencia tan intensa permitiría afrontar nuevamente los desafíos de la competencia. Eso sí, su respuesta expresa una disposición personal: no representa la confirmación de una repesca ni de un regreso al programa.

El consejo de Liz Dust para las nuevas generaciones del drag

Con una trayectoria que reúne diseño, actuación, música, comedia y artes visuales, Liz Dust también tiene una perspectiva particular sobre la formación artística. Al preguntarle qué consejo compartiría con quienes comienzan a hacer drag, reconoció que no suele sentirse cómoda dando recomendaciones.

Sin embargo, destacó dos elementos que considera fundamentales: la honestidad y la preparación. Actualmente participa como docente en un curso de drag que, según explicó, es el primero de su tipo que se realiza en su ciudad. Desde esa experiencia, invita a las nuevas generaciones a preguntarse por qué desean desarrollar un personaje drag.

Para Liz, la motivación debería surgir de una necesidad genuina de expresión, no únicamente del deseo de alcanzar fama o participar en una tendencia. También considera esencial estudiar las disciplinas que cada artista quiera incorporar a su propuesta. Si alguien desea cantar, recomienda formarse en técnica vocal. Si quiere bailar, estudiar danza. Si le interesa la interpretación, acercarse al teatro. La propia Liz reconoce que le habría gustado comenzar su formación vocal mucho antes.

“La formación para mí es esencial, y sobre todo la honestidad: que lo hagan porque realmente lo sienten y se lo pide el cuerpo de verdad”.

Su mensaje reivindica el drag como una disciplina artística que puede enriquecerse mediante el aprendizaje continuo, sin perder la espontaneidad ni la identidad de cada persona.

Liz Dust sueña con llevar sus conciertos a México

Actualmente trabaja en diferentes propuestas que combinan música en directo, interpretación y performance. Uno de los formatos que más disfruta son los conciertos teatralizados, espectáculos en los que puede integrar instrumentos como el piano y las cuerdas con distintas formas de expresión escénica.

Su intención es continuar explorando esos cruces entre disciplinas. Pero entre sus planes existe uno que le emociona especialmente: presentarse en México.

“Uno de mis sueños, te lo juro por mi vida, es ir a México. Actuar allí me encantaría”.

Liz mencionó específicamente a Guadalajara como una de las ciudades donde le gustaría presentarse y explicó que mantiene contacto con personas que conocen espacios y proyectos artísticos en el país. Aunque todavía no existe una fecha anunciada, aseguró que le entusiasma la posibilidad de encontrarse con el público mexicano. También compartió que disfruta especialmente cuando personas de México asisten a sus espectáculos en España.

Al preguntarle qué le gusta de nuestra audiencia, destacó su manera apasionada de vivir las presentaciones.

“Sois un público muy entregado”.

Y cuando le explicamos que en México solemos describirnos como intensos, encontró una razón más para querer visitarnos.

“Sois intensos, me gusta. Me gusta porque yo soy muy intensa también, entonces somos un buen tándem”.

PassDragPort: Liz Dust y el arte de construir una voz propia

La conversación con Liz Dust forma parte de PassDragPort, la colaboración editorial entre La Reseña Que Nadie Pidió y Padding Magazine, dedicada a conocer las historias, los procesos creativos y las identidades de artistas drag más allá de su participación en competencias televisivas. En esta entrevista, Liz mostró que su propuesta no puede resumirse únicamente en el minimalismo. Detrás de cada decisión estética existen años de formación, referencias artísticas y una búsqueda constante por encontrar nuevas maneras de expresarse.

También habló de la importancia de reconocer los propios límites, de aprender nuevas disciplinas y de mantener la honestidad artística incluso cuando las circunstancias exigen adaptarse. Antes de despedirse, Liz envió un mensaje especial para la Dragversidad mexicana, con el humor que acompañó buena parte de nuestra conversación.

“Un beso muy grande a todas las perras mexicanas que nos estáis viendo. Gracias por ver Drag Race España”.

Además de invitar al público a seguir su trabajo y enviarle mensajes de cariño, bromeó con la posibilidad de recibir alguna fotografía sugerente. Su historia recuerda que la evolución artística no siempre consiste en agregar algo nuevo. A veces también significa descubrir qué elementos podemos dejar atrás para reconocer aquello que verdaderamente queremos comunicar. Y si Liz Dust comenzó este camino buscando su propia voz, hoy esa búsqueda se ha convertido en una de las partes más importantes de su identidad.

Porque encontrar tu voz no significa dejar de experimentar: significa aprender a reconocerte en cada una de tus transformaciones.

Autor

Visited 1 times, 1 visit(s) today