Àlex Marteen quería jugar. Jugar con el género, con la ópera, con el techno, con un rostro que deconstruye las formas tradicionales del maquillaje y, finalmente, jugar a ese gigantesco tablero llamado Drag Race España. Su partida terminó antes de lo esperado al convertirse en la segunda eliminada de la sexta temporada, pero hay algo que tiene claro después de abandonar la competencia: no siente que haya traicionado aquello que quería mostrar.
“Yo me fui con la tranquilidad de tener la seguridad (ya no hablo de justicia o no justicia, porque al final es un juego y los juegos no son justos) de que todo lo que había hecho había estado bien”, cuenta Àlex Marteen en entrevista con La Reseña Que Nadie Pidió.
Su paso fue breve. Tanto, que ella misma encuentra una forma bastante poco solemne de describirlo: “He hecho un cameo, ¿no? He pasado por allí un rato y me he ido”. Pero detrás de ese cameo quedaron suficientes pistas para entender a una artista difícil de colocar dentro de una sola casilla.

Àlex Marteen, el “travesti multifuncional” que quería jugar al drag
Cuando tiene que explicar quién es, Àlex utiliza su propia categoría: “travesti multifuncional”. El drag funciona para ella como un paraguas bajo el que puede colocar diferentes partes de su trabajo creativo: música, sesiones como DJ, podcasts sobre libros y distintas formas de expresión artística. Visualmente, esa misma filosofía significa escapar de una concepción del drag limitada a “un hombre que se viste de mujer”.
En su personaje conviven elementos socialmente asociados con lo masculino y lo femenino junto a fantasía, formas y cierta dosis deliberada de confusión.
“Para mí, el traje, el hecho de vestirse de drag, el maquillaje, todo esto, es como el canal que me permite poner toda mi expresión artística, profesional”, explica.
Esa mezcla también permite entender uno de los elementos que hizo inmediatamente reconocible a Alex dentro de la temporada: su maquillaje.
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De los club kids a una cara que ya es marca de Àlex Marteen
La comparación con Trixie Mattel aparece con frecuencia alrededor de su maquillaje y Alex no huye precisamente del nombre. De hecho, bromea con que aspira a convertirse en Trixie, aunque “a nivel empresarial”. La historia detrás de su rostro, sin embargo, viene de otro sitio.
Antes de concentrarse profesionalmente en el drag, Àlex participaba en la vida nocturna como DJ y construía looks profundamente influenciados por la estética club kid. Entre sus referencias menciona a Milk, participante de la sexta temporada de RuPaul’s Drag Race, y aquellos maquillajes que juegan a desarmar el rostro mediante ojos desplazados, dimensiones exageradas, geometría y color.
Con el tiempo comenzó a acercar aquella cara deconstruida a algo ligeramente más reconocible como maquillaje drag sin abandonar la distorsión que la había originado.
“Ha ido modificándose mi maquillaje un poquito a épocas. Hay épocas que te sientes más arriba, más abajo, más largo, más ancho, pero siempre es un poquito la misma propuesta”, cuenta. Haber encontrado ese rostro es algo que considera una suerte: “Es muy simbólico y muy mío, y es una marca”.

Ópera, piano y Free from Desire: así nació su Talent Show
Esa mezcla de mundos explotó durante el show de talentos. Alex llegó a Drag Race España con formación clásica, experiencia en musicales y antecedentes como cantautor, pero para su personaje drag había encontrado una casilla particularmente peculiar: mezclar ópera y electrónica.
Entre sus referencias aparece Klaus Nomi y esa posibilidad de irrumpir en una discoteca con algo que aparentemente no debería estar ahí: un aria en medio de una pista de baile. Por eso cantar ópera y tocar el piano resultaban casi inevitables para su Talent Show.
La idea inicial era más oscura, minimalista y cercana a una performance de ópera techno. Durante el proceso apareció otra posibilidad: quitarle solemnidad. Y entonces entró Freed from Desire.
Para Àlex también era una oportunidad de desmontar la impresión que puede generar una propuesta cargada de conceptos, referencias y discursos. “Puede parecer: ‘Uf, chica, qué seria, qué tiesa’”, reconoce. Pero debajo de toda esa intelectualidad sigue existiendo una travesti dispuesta a hacer el chiste.

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Hablar catalán también es una postura política para Àlex Marteen
Hay otra parte de Àlex que no se limita al escenario. La artista es trilingüe y utiliza inglés, castellano y catalán en distintos espacios de su vida. Con su pareja puede hablar castellano, con otras personas inglés y con su familia catalán. Sin embargo, cuando decide utilizar públicamente el catalán, deja de considerarlo únicamente una cuestión lingüística.
“Es literalmente eso, es una postura política”, afirma.
Para Àlex, hablarlo públicamente significa defender una lengua que forma parte de su cultura ante el riesgo de perder espacio frente a la globalización y al propio castellano. La decisión tampoco está libre de contradicciones. Reconoce haberse preguntado si mantener el catalán podría cerrarle puertas profesionalmente, particularmente ahora que Drag Race España amplía considerablemente el público al que puede llegar.
Aun así, existe una comunidad que estuvo antes del programa.
“El público que ya tengo habla catalán, el de mi ciudad, el que realmente me ha sostenido todos estos años”, explica. Para esa audiencia, que Alex utilice, defienda y visibilice su lengua también importa.
Dos maneras de entrar a Drag Race España 6
Àlex tampoco llegó al programa obsesionada con identificar inmediatamente a su competencia. Lo que sí detectó fue una diferencia en las maneras de enfrentarse a Drag Race.
Por un lado, coloca a participantes como Liz, Marcus, Maitetxu y ella misma, que percibía con una actitud más cercana a llegar para experimentar y “jugar al drag”. Del otro, menciona a Buba, Sorny y Coco como artistas que, desde su percepción, entraron con una energía mucho más enfocada en competir.
“Se notaba un poquito eso: quién simplemente venía a hacer lo suyo y quién venía un poco con el cuchillo entre los dientes”, recuerda.
No lo plantea necesariamente como una virtud frente a un defecto. De hecho, Àlex reconoce que su propia manera de enfrentarse a la competencia pudo haber sido “un error garrafal”. Porque Drag Race, además de escaparate artístico, sigue siendo un juego que hay que aprender a jugar.

“He hecho un cameo”: Àlex Marteen habla de su eliminación
Por eso evita construir su salida alrededor de si fue justa o injusta. Àlex prefiere hablar de cartas, decisiones y azar.
Está satisfecha con su entrada, su Talent Show, su primera pasarela y también con lo que presentó durante el episodio que terminó enviándola a casa. La frustración existe, pero no porque considere que el público haya visto una versión de Alex de la que se arrepienta.
“Me he mostrado correcto, me he mostrado bien”, reflexiona antes de dejar una frase que quizá explica mejor su salida: “A veces es mejor quedar con la duda que con la certeza”.
El momento de la eliminación también explica por qué no hubo una de esas frases de despedida perfectamente diseñadas para terminar convertidas en GIF. Alex simplemente no tenía una preparada.
Había sido un día largo, apenas habían dormido y recuerda cómo la situación fue escapándose progresivamente de sus manos hasta llegar a la eliminación. Su reacción terminó siendo mucho más humana que calculada: “Guau. Hostia. ¿Qué ha pasado?”.

¿Àlex Marteen regresaría en una «repesca» de Drag Race España 6?
La respuesta es bastante sencilla: sí. Sin confirmar que exista una repesca ni adelantar ningún acontecimiento de la temporada, Àlex reconoce que aceptaría regresar porque siente que precisamente eso era lo que había ido a buscar: descubrir qué sucedía cuando su drag atravesaba todas las pruebas de la maquinaria Drag Race.
“¿Qué pasa si me pongo en un Snatch Game? ¿Qué pasa si me pongo en un Rusical? ¿Qué pasa si tengo que aprenderme una coreografía?”, se pregunta.
Ahí estaba el experimento. Àlex ya tenía una carrera, música, shows y una propuesta artística antes del programa. Lo desconocido era descubrir cómo reaccionaría todo eso dentro de los formatos que durante años han definido a la franquicia. Y dos episodios no fueron suficientes para obtener todas las respuestas.

¿Drag Race México? Àlex Marteen cree que se la comerían “con patatas”
Tampoco descarta que su historia con Drag Race pueda continuar algún día fuera de España. Primero quiere dejar que pase este año y dimensionar una experiencia que comienza mucho antes de que el público vea el primer episodio: casting, preparación, grabación, promoción y emisión convierten la participación en un proceso de muchos meses.
Después, ¿otra franquicia? “¿Por qué no?”. Eso sí, cuando La Reseña Que Nadie Pidió pone sobre la mesa Latinoamérica, aparece cierto respeto hacia nuestro particular ecosistema tan particular de hacer drag.
“No sé si me atrevería con una franquicia latinoamericana”, admite entre risas mientras imagina competir en “tierras mexicanas, tierras colombianas. Yo creo que me comerían con patatas”. Su alternativa resulta todavía mejor: “Mejor ser la más latina de Drag Race Suecia o alguna cosa así”.
Por ahora no hace falta mandarla tan lejos.
Àlex Marteen salió pronto de Drag Race España 6, pero consiguió algo que no siempre depende del número de episodios acumulados: dejar una identidad reconocible. Una cara que no intenta parecerse a una cara, ópera que termina encontrándose con Free from Desire, una lengua convertida conscientemente en resistencia y una concepción del drag donde masculino y femenino pueden mezclarse hasta que las etiquetas empiecen a perder utilidad.