En el drag hay dos tipos de pleitos: los que se olvidan al día siguiente y los que se convierten en oportunidad. Nayla y Deetox decidieron pertenecer al segundo equipo y hoy están haciendo algo que pocas logran: transformar el ruido en espectáculo y el chisme en taquilla. Desde el barrio de LMD7, las reinas anuncian su proyecto conjunto “Chuladitas de Postre, La Gira”, un show que promete arte, fantasía y, por supuesto, su buena dosis de veneno.
Lo interesante no es que estén juntas —eso ya es un statement— sino la forma en que han capitalizado todo lo que se dijo de ellas. Donde muchos ven conflicto, ellas vieron marca personal. Donde otros hubieran hecho lives eternos explicándose, ellas hicieron un espectáculo con boleto de entrada. Eso también es visión empresarial con pestaña postiza.
El drama como motor creativo
El concepto es tan simple como efectivo: dos personalidades fuertes compartiendo escenario, riéndose de su propia historia y devolviéndole al público todo lo que alguna vez comentó en redes. Chuladitas de Postre no se vende como un show de reconciliación, sino como una celebración del caos bien administrado.
Habrá lipsync, comedia, interacción con el público y ese filo verbal que caracteriza a ambas. La gira tendrá muy pocas fechas, lo que la convierte en un evento casi de colección. No es solo ir a ver a dos drags: es presenciar cómo el conflicto se convierte en narrativa y la narrativa en negocio.
Monetizar también es un arte
El drag actual ya no vive solo del aplauso, necesita estrategia. Nayla y Deetox entendieron que su historia valía más en un escenario que en un hilo de comentarios. Convertir la polémica en proyecto creativo es una forma inteligente de tomar control del relato.
El público quiere verdad, pero también espectáculo, y ellas parecen dispuestas a servir ambos platos con cereza incluida. Para información y contrataciones está disponible el número 5533347214, porque esto no es un chiste: es una gira formal, con producción y con intención de recorrer ciudades.
Al final, el drag también se trata de eso: de reinventarse, de usar hasta las cicatrices como lentejuela y de demostrar que, cuando hay talento, hasta el veneno puede volverse postre.