La Ciudad de México vivió uno de esos momentos donde la moda deja de ser solo tela y se convierte en espectáculo, identidad y declaración. El cierre de la pasarela de El Diablo Viste a la Moda 2 no solo reunió a algunas de las firmas mexicanas más relevantes del momento, también abrió la puerta (sin pedir permiso) a la presencia drag como parte del discurso visual de la noche.

Diseñadorxs mexicanxs toman la pasarela

Firmas como Raquel Orozco, Iván Ávalos, Cynthia Büttenklepper, Carla Fernández y María Ponce, entre otrxs talentos nacionales, construyeron una pasarela que dialogó entre la sastrería precisa, lo artesanal profundamente mexicano y un dramatismo contemporáneo que ya no le teme al exceso. Porque sí, el exceso también es identidad.

La propuesta no solo vistió cuerpos: vistió historias. Y en ese storytelling, lo mexa brilló sin pedir validación internacional.

Anne Hathaway, Meryl Streep y la moda como espectáculo global

Y porque esto no fue cualquier evento, las protagonistas de la película, Anne Hathaway y Meryl Streep, estuvieron presentes en la gala como parte de su gira de medios para promocionar el filme. Su aparición no solo elevó el perfil del desfile, sino que convirtió este cierre en un punto de encuentro entre la moda mexicana y la narrativa global del cine.

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La pasarela, entonces, no fue solo un evento local: fue un statement internacional donde CDMX se posiciona como escenario clave para contar historias de moda contemporánea.

Cuando el drag entra, nada vuelve a ser igual

Pero si algo elevó la conversación de la noche fue la presencia de Georgie, participante de Solo Las Más, quien fue invitada al evento y llevó consigo todo el poder escénico del drag. No como accesorio, no como “invitadx curiosx”, sino como presencia que transforma el espacio.

Georgie no llegó a adaptarse a la pasarela la pasarela tuvo que adaptarse a Georgie.

Su aparición recordó algo que la industria a veces intenta olvidar: el drag no solo interpreta la moda, la expande. La exagera, la cuestiona, la vuelve política. Porque cuando un cuerpo drag pisa estos espacios, no solo modela reconfigura quién tiene derecho a ser visto.

En un contexto donde la moda mexicana busca consolidarse globalmente, integrar expresiones como el drag no es solo un gesto estético, es una declaración cultural.

Es reconocer que las identidades disidentes también construyen tendencia, narrativa y valor simbólico.

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