Hay una historia que durante años se contó incompleta: que el drag era solo hombres interpretando feminidad. Una narrativa cómoda, repetida tantas veces que terminó pareciendo verdad. Pero en cuanto se mira un poco más de cerca, esa historia empieza a resquebrajarse.
Porque el drag nunca ha pertenecido a un solo cuerpo, a un solo género ni a una sola forma de existir.
El drag también ha sido construido por mujeres. Por mujeres cis que decidieron convertir la feminidad en espectáculo y en discurso. Por mujeres trans que han defendido el escenario como un territorio de identidad y supervivencia. Por artistas no binarias que usan el drag para demostrar que el género no es una jaula, sino un lienzo.
Hyperqueens, performers, creadoras que no están “imitando” a la mujer: están expandiendo lo que significa serlo.
En la cultura drag, lo femenino nunca ha sido débil. Ha sido feroz, político, brillante y profundamente incómodo para quienes creen que el mundo debe funcionar en blanco y negro.
El tacón que pisa fuerte en el escenario, la peluca que desafía la gravedad, el delineado que corta como cuchilla: todo eso también es una forma de resistencia. El drag transforma lo cotidiano en declaración, y muchas veces esa declaración nace precisamente de quienes han tenido que luchar más duro por ocupar un espacio.
Este 8 de marzo, desde La Reseña Que Nadie Pidió no hablamos por las mujeres. No pretendemos apropiarnos de una fecha que pertenece a su lucha histórica. Pero sí reconocemos algo que la cultura drag siempre ha sabido: las mujeres han estado aquí desde el principio. En los escenarios, en los camerinos, en los colectivos, en las escenas locales que sostienen el arte cuando nadie más está mirando.
Porque el drag no es una caricatura de la mujer. Es un diálogo con ella.
A veces homenaje, a veces crítica, a veces revolución.
Y en ese diálogo también viven las hyperqueens, las mujeres trans y las personas no binarias que hacen del drag una herramienta de expresión, identidad y comunidad. Artistas que nos recuerdan que el drag no es un género, es un lenguaje.
En la Dragversidad celebramos esa diversidad de voces, cuerpos y experiencias. Porque si algo nos ha enseñado el drag es que la feminidad no es un molde único. Es una galaxia de posibilidades.
Hoy lo recordamos con claridad:
El drag no tiene dueño.
El drag no tiene género.
Y sí…