La espera terminó y sí, Inventadrag 4 ya está dando de qué hablar incluso antes de arrancar. Porque cuando se revela un cast como este, no solo estamos frente a una competencia más, sino ante un pequeño mapa de lo que está pasando en el drag citadino: diverso, caótico, creativo y profundamente conectado con lo cotidiano. Y es que si algo deja claro esta nueva temporada es que el arte no vive solo en los escenarios grandes, también respira —y brilla— en las periferias, en la calle, en la fiesta improvisada y en la vida diaria.
Con un “ya se la saben” que se siente casi como contraseña entre quienes seguimos la escena, Inventadrag 4 presenta a sus participantes con una promesa clara: aquí nadie viene a pasar desapercibidx.
Un cast que entiende el drag desde la calle
Lo primero que salta al ver a lxs inventadrags de esta temporada es que hay una intención muy clara de representar distintas formas de hacer drag. No se trata solo de looks o lipsyncs, sino de identidad, narrativa y actitud.
Ahí está Mirage, trayendo esa vibra de domingo en la Alameda que mezcla nostalgia, música y libertad. Arsenic Her juega con esa dualidad entre lo corporativo y lo escénico, demostrando que el drag también puede habitar la rutina godín sin perder filo. Y luego aparece Barby Boy XXXTar, con una energía que parece salida directamente de una arena de lucha libre, lista para dejar pelucas —y egos— en el camino.
Pero eso es solo el inicio. Nianko llega con ese picante que no se puede ignorar, Franz Yero promete pulir cada detalle hasta hacerlo brillar, y Ezra Merol entra con una declaración de presencia que no pide permiso. Por su parte, Toxic Caramel aporta ese toque dulce que, sabemos, siempre tiene un giro inesperado.
Y si creías que ya lo habías visto todo, Otabeck mezcla referencias y sabor con una identidad muy particular, mientras que Chaaamps llega con una actitud que no solo compite… arrasa.
Más que competencia: una declaración de identidad
Lo interesante de Inventadrag 4 no es solo quiénes participan, sino lo que representan. Hay una narrativa clara: el drag como reflejo de lo cotidiano, como una herramienta para reinterpretar lo que vemos todos los días y convertirlo en espectáculo.
Esta temporada parece apostar por algo más que el glamour tradicional. Aquí hay barrio, hay ironía, hay referencias culturales muy específicas y, sobre todo, hay personalidad. Cada participante trae consigo un universo propio que, si se desarrolla bien, puede convertir la competencia en algo mucho más emocionante que una simple eliminación semanal.
Y eso, siendo honestos, es lo que se agradece. Porque en un momento donde muchas propuestas comienzan a sentirse repetitivas, ver un cast que se arriesga a ser distinto siempre suma.
Al final, Inventadrag 4 no solo presenta a sus concursantes, también lanza una invitación: mirar el drag desde otro lugar. Uno más cercano, más real y, sobre todo, más nuestro. Y si esta primera impresión sirve de algo, es para dejarnos claro que esta temporada no viene a cumplir expectativas… viene a romperlas.