Hay películas que encuentran su verdadero momento cuando se enfrentan por primera vez al público de un festival. «Mickey» en Premio Maguey llega justo con esa energía: la de una historia que, más allá de su recorrido, se siente nueva en el instante en que se comparte en sala. Y es precisamente dentro del Premio Maguey donde esta propuesta competirá y, para muchas personas, se revelará por primera vez.

Dirigida por Dano García, “Mickey” nos presenta a una mujer trans de Sinaloa que utiliza el juego y la actuación como herramientas para resignificar su pasado y habitar su presente. No es una historia que busque imponerse, sino una que se va construyendo poco a poco, con paciencia y una honestidad que se siente desde los primeros momentos.

Un encuentro que sucede en la sala

Hay algo especial en descubrir una película en el contexto de un festival, y más cuando forma parte de una competencia. “Mickey” no llega con estridencias, pero sí con una intención clara: conectar desde lo íntimo.

Su presencia en el Premio Maguey no solo la coloca dentro de una selección relevante, también la sitúa en un espacio donde las historias encuentran eco. Aquí, el público no solo observa, también interpreta, cuestiona y se deja atravesar.

Y eso es importante, porque esta no es una película que se consuma rápido. Es una que se descubre en el momento, en ese primer contacto donde todo se siente más cercano.

Narrarse desde el juego

Uno de los elementos más interesantes de “Mickey” es la forma en que su protagonista decide contar su historia. No lo hace desde la linealidad ni desde el drama constante. Lo hace jugando, actuando, reinterpretando.

Ese ejercicio le permite tomar distancia de ciertos momentos, pero también darles un nuevo significado. Lo que vemos no es solo memoria, es una reconstrucción activa.

El trabajo de Dano García acompaña este proceso sin intervenir de más. Hay una mirada respetuosa que entiende cuándo acercarse y cuándo simplemente observar. Y eso genera una sensación de confianza que se transmite al espectador.

Competir también es abrir conversación

Formar parte de la competencia del Premio Maguey implica dialogar con otras propuestas, pero también con el contexto que rodea a estas historias.

“Mickey” se integra desde lo personal, desde una experiencia que no pretende representar a todas, pero que sí suma a una conversación más amplia sobre identidad, procesos y visibilidad. En un entorno donde aún existen resistencias y desinformación, este tipo de relatos aportan desde lo humano, sin necesidad de grandes discursos.

Al final, la película encuentra su fuerza en lo que deja resonando. No busca cerrar ideas ni dar respuestas absolutas. Más bien, abre un espacio para mirar distinto, para escuchar con más atención.

Y tal vez eso es lo más valioso de su paso por el festival: ese primer encuentro con el público, donde la historia deja de ser solo de Mickey y empieza a dialogar con quien la está viendo. Porque hay películas que se entienden… y otras, como esta, que se sienten.

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