Ayer, 2 de febrero, se cumplió un hito importante para la televisión y la cultura LGBTQ+: 17 años desde la emisión del primer episodio de RuPaul’s Drag Race, el reality que vino a reconfigurar no solo la escena del drag, sino también la forma en que el mundo entiende la identidad, el arte y la diversidad.
Lo que en 2009 comenzó como un programa de nicho en un canal pequeño, rápidamente se transformó en un fenómeno internacional que ha servido de plataforma para cientos de artistas queer y ha generado una legión de fans que celebran el talento, la creatividad y la resiliencia de sus participantes.

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Las reinas que definieron generaciones
Desde BeBe Zahara Benet, ganadora de la primera temporada, hasta la más reciente campeona, Onya Nurve, Drag Race ha coronado a artistas que, más allá de la competencia, han marcado tendencia y expandido el impacto del drag en escenarios globales.
Onya Nurve, quien se llevó la corona de la temporada 17 en abril de 2025, representa precisamente esa evolución: con cuatro victorias en retos y una presencia escénica poderosa, su triunfo simboliza cómo el programa sigue encontrando nuevos talentos capaces de redefinir el arte drag y ganar reconocimiento masivo.
Entre las ganadoras más influyentes también están nombres como Sasha Velour, Jinkx Monsoon, Bianca Del Rio, Symone y Violet Chachki, cada una aportando su estilo único y dejando una marca perdurable en la cultura popular.

Un fenómeno global con múltiples franquicias
La expansión de Drag Race no se detuvo en Estados Unidos. Lo que era un formato relativamente pequeño se convirtió en un imperio televisivo internacional con versiones en múltiples países. Destacan, entre otras:
- RuPaul’s Drag Race UK, con un enfoque particular en la moda y el humor británico.
- Drag Race España, que celebró la creatividad con un sabor local distintivo.
- Canada’s Drag Race, que impulsó figuras nuevas con raíces en la escena queer canadiense.
- Drag Race México, donde talentos como Cristian Peralta han sido exponentes del arte drag latino.
Además, el concepto de All Stars, giras en vivo, especiales y spin-offs han ampliado la presencia del programa en todo el mundo, convirtiéndolo en un punto de referencia cultural más allá de las fronteras del entretenimiento televisivo.
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Más que un programa: un espacio de visibilidad y transformación
Hoy, RuPaul’s Drag Race es reconocido no solo por sus desafíos creativos o sus lip-syncs memorables, sino por el impacto social que ha generado. Para muchas personas, especialmente dentro de la comunidad LGBTQ+, el show ha sido un espejo donde ver representaciones que antes eran invisibles en los medios masivos.
Su presencia en la televisión ha contribuido a abrir conversaciones sobre identidad de género, expresión artística y aceptación, mientras que muchas de sus participantes han usado la notoriedad para hablar de temas como derechos queer, salud mental, inclusión y orgullo.
Este legado también se siente fuera de la pantalla: en la moda, en la música, en festivales, en teatros y en la forma en que se entiende el espectáculo drag como una forma legítima de arte escénico y cultural.
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En conclusión
Diecisiete años después del primer RuPaul’s Drag Race, el programa sigue siendo una fuerza transformadora en el entretenimiento y en la vida de millones de personas. No solo ha consagrado a reinas como Onya Nurve y sus antecesoras, sino que ha ayudado a normalizar y celebrar la diversidad, aportando visibilidad y voz al colectivo LGBTQ+ en un momento en el que esa presencia es más importante que nunca.
Más allá de una competencia, RuPaul’s Drag Race se ha convertido en un espacio donde la autenticidad, la valentía y la creatividad encuentran un lugar para brillar —y donde cada corona simboliza un paso más hacia la inclusión y la libertad de ser quien uno realmente es.