El pasado 5 de julio, el Centro Cultural Teopanzolco en Cuernavaca recibió una de las producciones de ballet cómico más conocidas a nivel internacional. El Clásico Men in Tutus presentó una función en la que la técnica clásica convive con el humor, la interpretación teatral y una puesta en escena que juega constantemente con los estereotipos de género sin perder su esencia familiar.

Antes de iniciar la función, La Reseña Que Nadie Pidió tuvo la oportunidad de conversar con parte del elenco integrado por Walter Battistini, Rogelio Carrillo, Daniel Reynaga, Jonathan Méndez, Axel Jaramillo e Iván Félix, quienes compartieron cómo ha evolucionado este proyecto y cuál es el mensaje que buscan transmitir cada vez que suben al escenario.

«El Clásico Men in Tutus» demuestra que el ballet también puede hablar de inclusión

Aunque la obra está construida desde la comedia, todos los integrantes coincidieron en que uno de los mayores logros del espectáculo ha sido demostrar que el ballet puede convertirse en un espacio donde cualquier persona encuentre representación.

Durante décadas, el ballet clásico ha mantenido una división muy marcada entre los papeles masculinos y femeninos. Mientras las bailarinas suelen ocupar el centro de la narrativa con movimientos delicados y el uso del tutú, los hombres tradicionalmente desempeñan el papel de soporte dentro de las coreografías.

En «El Clásico Men in Tutus» esa dinámica cambia. Los bailarines interpretan personajes que históricamente fueron concebidos para mujeres, sin abandonar la exigencia técnica que caracteriza a esta disciplina. Lejos de buscar la parodia del ballet, la producción mantiene un profundo respeto por el lenguaje clásico mientras explora nuevas posibilidades escénicas.

¿Es un espectáculo drag?

La pregunta surge de manera natural al ver hombres maquillados, utilizando tutús y dando vida a personajes femeninos. Sin embargo, el propio elenco hace una distinción importante.

Para ellos, «El Clásico Men in Tutus» no pretende ser un espectáculo drag. Si bien incorpora algunos elementos del transformismo como recurso escénico, su intención nunca ha sido construir personajes que desafíen de forma directa las normas de género como sucede dentro del arte drag.

Más bien, se trata de una propuesta familiar que utiliza el humor para acercar el ballet a públicos muy diversos, demostrando que la técnica clásica puede convivir con la comedia sin perder calidad artística.

Iván Félix destaca el trabajo colectivo detrás del escenario

Uno de los pilares del proyecto es Iván Félix, productor de la obra y uno de sus bailarines principales. Durante la entrevista explicó que gran parte de su labor consiste en preparar a un elenco integrado por bailarines provenientes de distintas compañías antes de que el director artístico, Víctor Treviño, supervise el resultado final.

Para Iván, trabajar junto a Treviño ha significado una de las experiencias más enriquecedoras de su carrera, ya que ambos comparten el objetivo de ofrecer un espectáculo que combine excelencia técnica con entretenimiento para todo tipo de público.

Walter Battistini: «Aquí todos los cuerpos tienen un lugar»

Otro de los testimonios más significativos fue el de Walter Battistini, bailarín argentino que ha trabajado con Víctor Treviño en producciones realizadas en Nueva York. Walter explicó que, debido a su estatura, en distintos momentos de su carrera llegó a sentir que ciertos espacios dentro del ballet parecían no estar pensados para cuerpos como el suyo.

En Men in Tutus, aseguró, encontró exactamente lo contrario: un elenco que abraza la diversidad física y que entiende que el talento no depende de un molde específico. Ese ambiente de compañerismo es precisamente una de las experiencias que esperan compartir con el público en cada presentación.

Un espectáculo que invita a mirar el ballet desde otro lugar

Aunque el espectáculo no pretende convertirse en un manifiesto sobre diversidad, sí deja abierta una conversación sobre quién puede ocupar determinados espacios dentro de las artes escénicas.

Resulta inevitable recordar tradiciones como la de la Ópera de Pekín, donde durante siglos los personajes femeninos fueron interpretados por hombres debido a que las mujeres tenían prohibido subir al escenario. En ese contexto surgieron los llamados Nandan, artistas especializados en representar papeles femeninos con un alto nivel técnico.

Si bien «El Clásico Men in Tutus» responde a una realidad completamente distinta, ambas propuestas coinciden en mostrar que las expresiones artísticas evolucionan constantemente y que los escenarios también pueden convertirse en espacios para replantear las ideas tradicionales sobre el género.

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Más allá de la risa, una invitación a imaginar nuevas posibilidades

El mayor acierto de El Clásico Men in Tutus quizá no sea únicamente hacer reír durante casi dos horas. También demuestra que el ballet puede seguir dialogando con nuevas generaciones sin perder su esencia.

Entre tutús, zapatillas de punta y momentos de comedia, el espectáculo deja una idea sencilla pero poderosa: ninguna disciplina artística pertenece exclusivamente a un género. Con disciplina, preparación y pasión, cualquier escenario puede convertirse en el lugar donde alguien descubra que sus sueños también tienen espacio para bailar.

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