Volverás
Para abrazarnos en un último espiral
Luego soltarnos a la inmensidad
Tu volverás, tu volverás
Daniela Spalla, Volverás
La película más reciente del director mexicano Julián Hernández revela una sofisticada mirada sobre las relaciones amorosas gay, hay que decirlo sin tapujos y con mucho orgullo homosexual, hablar de Julián Hernández es sinónimo de cine LGBTIQ+ mexicano de gran calidad porque mezcla experiencia y sensibilidad, es cine de autor que se sustenta en el drama romántico y conecta con el público joven porque nos habla de la búsqueda del amor, de esa relación mágica y duradera que todo chico gay ha deseado tener.

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“Los demonios del amanecer” nos presenta a Orlando y Marco, ambos jóvenes, inteligentes y talentosos en sus respectivas pasiones. Orlando (Luis Vegas) tiene un cuerpo torneado y ropa interior sexy, colorida, con gracilidad toma clases de baile y por las noches hace de gogo dancer, demasiado encandilado por sus movimientos de baile más que por recolectar propinas; por otro lado, Marco (Axel Shumara) estudia enfermería mientras trabaja por las noches en un hotel, donde ocasionalmente lleva servicio a la habitación. Los dos están en la plenitud de la vida y eso se transmite a través de la imagen, los dos son atractivos y a su vez exudan un magnetismo sexual que la cámara sabe captar.

La fotografía de Alejandro Cantú, con quién ya ha trabajado el director en películas como “El cielo dividido” (2006) y “Yo soy la felicidad de este mundo” (2014), es de los mayores aciertos de esta producción. Una imagen que conecta con las emociones de sus protagonistas, planos de una Ciudad de México apetitosa para encontrar el amor, pero también que cobija la desilusión entre los antros iluminados por la fluorescencia neón. Dan ganas de estar ahí, dan ganas de enamorarte una vez más.

La película narra muy bien el proceso de enamoramiento de nuestros dos protagonistas. Conecta porque se siente muy verídica, sincera, la trama te seduce, te lleva por todos esos lugares que alguna vez se han transitado en el éxtasis de la felicidad, cuando se crea una conexión relevante con la persona amada, por supuesto, aunado a ello se encuentran los pequeños rituales, los roces que surgen de la duda y los silencios, el peligro de la separación y la esperanza, la súplica de que funcione, que el amor que aquí se está bordando tenga un final placentero.

Los personajes secundarios son afortunados porque ayudan a que la trama adquiera complejidad, dan una mirada alternativa, divertida y queer en la justa medida de lo verosímil mexicano. Sin exageraciones y sin sacrificar su modo de hace cine, Julián Hernández mezcla bien una película coming of age de amor juvenil con la mirada experimentada de quién ya ha transitado más de una relación compleja por su profundidad.

“Los demonios del amanecer” no es ajena a la filmografía del director, retoma temas que ya se han tratado con anterioridad en “El cielo dividido” (2006) o “Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor” (2003), pero en esta ocasión la trama se siente más fluida y madura, lo que no es sinónimo de solemnidad, en el caso del director mexicano implica un poco más de soltura, sobre todo en su primera hora y media del metraje, afortunado el guion en colaboración con Gustavo Hernández de Anda, porque han sabido captar los demonios que rondan las horas más oscuras, justo antes de que el pequeño rayo de luz se filtre por la ventana y lo ilumine todo.