Dolly Parton murió este martes 25 de agosto de 2026 a los 80 años, dejando atrás una de las carreras más reconocibles de la música estadounidense y una imagen que trascendió por completo las fronteras del country. Cantante, compositora, actriz, empresaria y filántropa, Parton también construyó durante décadas una relación particular con la comunidad LGBTQ+ y una estética que hizo de la exageración, el artificio y la hiperfeminidad todo un lenguaje. En otras palabras: mucho antes de que el camp llegara a todas las alfombras rojas, Dolly ya había entendido perfectamente la tarea. Su fallecimiento fue comunicado por su familia; hasta el momento no se ha informado públicamente una causa.

Hablar de su legado únicamente desde las lentejuelas sería, sin embargo, quedarse mirando el vestido sin escuchar las canciones. Dolly Parton fue responsable de clásicos como Jolene, I Will Always Love You y 9 to 5, construyó una carrera de más de seis décadas y vendió más de 100 millones de discos. También convirtió su fama en proyectos filantrópicos relacionados con alfabetización infantil, salud y otras causas sociales.

Pero desde esta esquina de internet donde una peluca de treinta centímetros perfectamente puede considerarse patrimonio cultural, hay otra historia que merece ser recordada.

Dolly Parton y el drag: cuando la exageración se convirtió en identidad

Hay algo inevitablemente drag en la construcción visual de Dolly Parton. Cabello rubio platino llevado hacia alturas que desafían discretamente las leyes de la gravedad. Pedrería. Uñas. Maquillaje exagerado. Siluetas imposibles. Más pedrería. Y una capacidad extraordinaria para comprender que detrás de todo ese artificio podía existir una persona absolutamente consciente del personaje que estaba construyendo.

Parton tomó elementos asociados a determinados estereotipos de feminidad sureña y los llevó deliberadamente al exceso. En lugar de abandonar esa imagen cuando alcanzó reconocimiento internacional, la convirtió en una marca personal. Y tenía suficiente sentido del humor para participar del chiste.

Una de sus frases más recordadas resumía perfectamente esa filosofía: “cuesta mucho dinero verse tan barata”. Su imagen podía ser extravagante, pero nunca accidental. Esa capacidad de controlar la exageración y simultáneamente reírse de ella explica parte de la fascinación que durante décadas generó entre artistas drag.

No se trataba únicamente de parecerse a Dolly. Era comprender lo que había detrás: construir una fantasía y después tener suficiente personalidad para llenarla.

Dolly Parton y la comunidad LGBTQ+: una relación que atravesó generaciones

La cercanía entre Dolly Parton y la comunidad LGBTQ+ tampoco surgió únicamente porque las drag queens descubrieran que su rostro era una maravilla para recrear con maquillaje. A lo largo de su carrera, Parton expresó públicamente su respaldo a sus seguidores LGBTQ+ y defendió los derechos de las personas trans. También se pronunció contra iniciativas discriminatorias, incluida legislación en Carolina del Norte que restringía el acceso de personas trans a determinados baños.

Ese posicionamiento adquirió un significado particular debido al territorio desde donde hablaba. Parton construyó buena parte de su carrera dentro de la música country y nunca necesitó renunciar públicamente al cariño de su audiencia queer para conservar su identidad sureña o su propia espiritualidad.

Su postura podía llegar además acompañada de ese humor que convirtió en marca registrada. Cuando hablaba sobre matrimonio igualitario, encontraba la manera de defenderlo y, de paso, convertir al matrimonio heterosexual en el remate del chiste. Esa combinación de convicción y ligereza permitió que su mensaje alcanzara espacios donde hablar de diversidad sexual no siempre resultaba sencillo.

Travelin’ Thru: Dolly Parton también cantó sobre identidad trans

Su relación con estas conversaciones llegó también a su música. En 2005, Dolly Parton escribió Travelin’ Thru para la película Transamerica, protagonizada por Felicity Huffman como una mujer trans que emprende un viaje antes de someterse a una cirugía de afirmación de género.

La canción abordaba identidad, transformación y búsqueda personal desde una perspectiva que conectaba perfectamente con la historia de la película. Travelin’ Thru terminó obteniendo una nominación al Oscar a Mejor Canción Original. Era Dolly haciendo algo que hizo durante prácticamente toda su carrera: utilizar la música country para contar historias de personas intentando descubrir quiénes son y dónde pertenecen.

Y quizá ahí se encuentra una de las razones por las que su obra pudo dialogar durante tantos años con las audiencias queer.

Una mujer llamada Dolly Parton perdió un concurso de Dolly Parton

Existe además una anécdota que parece escrita específicamente para aparecer algún día en La Reseña Que Nadie Pidió. Dolly Parton llegó a participar de incógnito en un concurso de imitadoras de Dolly Parton en un bar gay y perdió.

Porque aparentemente existe algo todavía más Dolly Parton que Dolly Parton: una drag queen interpretando a Dolly Parton. La cantante contó la historia durante años con absoluta diversión. Mientras las competidoras habían exagerado precisamente todos aquellos elementos que componían su personaje (cabello, maquillaje, vestuario y performance), la verdadera Dolly pasó prácticamente inadvertida.

Es difícil encontrar una metáfora más perfecta sobre la relación entre drag y cultura popular.

El drag no se limita a imitar. Observa una imagen, identifica sus códigos, los exagera, los reconstruye y ocasionalmente termina derrotando al original en su propio concurso. Una auténtica tragedia para Dolly. Una victoria histórica para el transformismo.

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Dolly Parton murió, pero su estética seguirá viviendo sobre los escenarios

La muerte de Dolly Parton ocurre después de un periodo complicado en su vida personal. Su esposo durante casi seis décadas, Carl Dean, murió en marzo de 2025, y durante los últimos meses la artista había hablado públicamente sobre algunos problemas de salud y había tenido que modificar compromisos profesionales. Apenas días antes de morir había señalado que todavía tenía proyectos que deseaba realizar.

Su dimensión cultural, sin embargo, difícilmente puede medirse únicamente mediante premios, ventas o posiciones en listas. Porque Dolly creó algo todavía más difícil de fabricar: una silueta que podía reconocerse sin necesidad de ver su rostro.

La peluca rubia gigantesca, las uñas, las curvas deliberadamente acentuadas, el maquillaje, los vestidos cubiertos de brillo y esa sonrisa inmediatamente identificable terminaron formando parte del vocabulario visual de la cultura popular.

Por eso resulta prácticamente imposible separar por completo la historia estética de Dolly Parton de la historia contemporánea del transformismo estadounidense.

Generaciones de drag queens la imitaron, reinterpretaron y llevaron sobre escenarios. Y ella, lejos de mirar ese fenómeno con distancia, supo participar del juego.

El último aplauso para una mujer que entendió el poder de construirse a sí misma

Dolly Parton solía resumir buena parte de su filosofía en una idea extraordinariamente sencilla: descubrir quién eres y hacerlo deliberadamente. Quizá por eso encontró una conexión tan natural con el drag.

Porque detrás de la peluca, el maquillaje, las uñas y los miles de cristales existe una decisión: elegir cómo queremos presentarnos frente al mundo. Dolly hizo exactamente eso durante más de seis décadas.

Su muerte deja un vacío gigantesco en la música country y en la cultura popular, pero su influencia difícilmente desaparecerá mientras exista alguien dispuesto a ponerse una peluca demasiado alta, agregar una piedra más porque evidentemente todavía faltaba brillo y convertir aquello que alguna vez le dijeron que era “demasiado” en su mayor fortaleza.

Para el drag, Dolly Parton nunca necesitó ponerse la etiqueta de musa.Las drag queens se encargaron de coronarla hace mucho tiempo.

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