Tras una final intensa, cargada de tensión, emociones al límite y enfrentamientos que ya son parte de la historia del programa, Nayla Downs se alzó con la corona del Séptimo Sello de La Más Draga para ser la reina de esta edición.

El camino no fue sencillo: frente a ella estuvieron Deetox Alanís, Moon y Tulsa, tres contendientes fuertes que empujaron la competencia hasta un punto donde cada decisión pesaba como plomo. Pero Nayla no solo resistió el golpe: lo transformó en narrativa, en arte y en triunfo.

La coronación no fue únicamente el cierre de una temporada, fue la validación de un arco completo.

Nayla pasó de ser favorita temprana, a eliminada, a regreso polémico, para finalmente convertirse en la reina que supo volver más fuerte cuando parecía que todo estaba perdido. Y eso, dragversidad, no es casualidad: es construcción de personaje, temple emocional y una propuesta artística que nunca soltó su raíz.

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De Tepic al escenario mayor: una draga camaleónica con raíz mexicana

Originaria de Tepic, Nayarit, Nayla Downs ha definido su drag como un espacio de transformación y trascendencia.

Su propuesta bebe directamente del folklore, la artesanía y los símbolos de la cultura mexicana, reinterpretados desde una mirada contemporánea que abraza el maximalismo, el color y la textura como herramientas narrativas. Cada aparición suya fue una carta de amor a la identidad, pero también un recordatorio de que lo tradicional no está peleado con lo espectacular.

No es casualidad que muchas personas la identifiquen como “la reina del cartón”. Nayla convirtió materiales accesibles en piezas de alto impacto visual, demostrando que el drag no depende del presupuesto, sino de la imaginación, la técnica y la intención.

Su habilidad en cartonería y utilería no solo la distinguió en la pasarela, sino que redefinió cómo se puede contar una historia desde el vestuario.

Una trayectoria que se escribió a contracorriente

En términos de competencia, Nayla ya había hecho historia desde el inicio. Fue la primera concursante en ganar dos retos consecutivos al arranque de una temporada, imponiéndose en La Más Guelaguetza y La Más Silvia Pinal. Cuando su eliminación llegó en el séptimo episodio, el golpe fue duro tanto para ella como para la audiencia. Pero el regreso no solo le devolvió un lugar: le dio el impulso para cerrar el ciclo de forma épica.

Antes incluso de pisar este escenario como competidora, Nayla ya había dejado huella dentro de la franquicia colaborando en la creación de piezas y máscaras para otras reinas, como C-Pher, demostrando que su talento existía mucho antes de que los reflectores la enfocaran directamente. La corona, entonces, no llega como sorpresa: llega como consecuencia.

Una reina que no solo ganó: contó una historia completa

Con un premio de 700 mil pesos y una temporada que ya se discute como una de las más intensas de “La Más Draga”, Nayla Downs se convierte en un símbolo claro de algo que esta edición dejó muy presente: caer no invalida el camino, regresar lo redefine. Su triunfo no se sostiene solo en looks o retos ganados, sino en la coherencia de su discurso artístico y en la manera en que supo sostener su identidad incluso cuando el escenario se volvió adverso.

El Séptimo Sello se cierra con una reina que entiende el drag como memoria, como resistencia y como creación colectiva. Y ahora que la corona ya está en su cabeza, la pregunta no es si Nayla Downs lo merecía, sino qué nuevos universos va a construir a partir de aquí.

Porque si algo dejó claro esta temporada, es que el cartón, cuando se trabaja con visión, también puede ser eterno.

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