«Oh, that’s not fair
I can’t let you go
Oh, I see you everywhere
I’m seeing less of you
I’m still undressin’ you
Am I depressing you?
Felt like a blessing, you«
Omar Apollo, Less of You
Ser gay, salir del clóset, amar con libertad es difícil, aún en pleno siglo XXI, sobre todo si vives en un pueblito acogido por la mano de Dios y sus creyentes más férreos vigilan el deseo que en ti crece. En el contexto de una sociedad conservadora, la atracción y el erotismo se puede tornar en tu contra.
Sobre eso trata “Leviticus” (2026) primer largometraje de Adrian Chiarella. Dos jóvenes, Naim (Joe Bird) y Ryan (Stacy Clausen) se atraen, se buscan y encuentran en lugares desahitados. Pero es tanto el conservadurismo de la sociedad en la que viven, que de alguna manera un ente les persigue, lo más escalofriante es que toma la forma de quién aman o se sienten atraídos. Como buena película de terror, la historia es metafórica, triste y también referencial a otras dinámicas narrativas de películas del mismo corte.
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En primer lugar, guarda una relación atractiva con los slasher de toda la vida, no tanto porque aquí exista un asesino del cuchillo, sino porque se vigila y castiga el deseo sexual, las ganas de liberación por parte de sus personajes son vigiladas por una sociedad intolerante y poco empática, hipócrita en el sentido más tajante, ya que dicen amar al prójimo, pero condenan todo lo que salga de la norma conservadora.
Por otro lado, la narrativa se renueva con la entidad que les acecha, similar a películas como “It follows” (2014) de David Robert Mitchell, la persecución genera angustia y paranoia en la soledad de salir del clóset, por no tener a nadie en quién confiar, ni siquiera en la persona amada. Entonces el sentimiento se torna violento, y ahí radica las diferentes capas de interpretación de la película, en sus metáforas.
¿Dónde ver Leviticus?


El terror es altamente simbólico. ¿Qué pasa cuando lo que amas te persigue para destruirte?, ¿o lo que antes era un sueño húmedo ahora te provoca terrores nocturnos? En “Leviticus” existe una referencia a la violencia histórica que hemos vivido los homosexuales por parte de la sociedad religiosa, conservadora e implacable: buscan que odiemos lo que somos y lo que amamos, similar a las terapias de conversión o las lobotomías, desean meterse en lo más hondo de nosotros para modificarnos desde adentro, hasta que en el interior no quede más que el terror o el desierto de las emociones.
Lo gris y azulado de la fotografía acentúan la soledad del pueblo, los espacios vacíos como metáfora de la soledad y las distancias entre los personajes, dos chicos bien delineados en sus características, uno un poco más demacrado, decaído y asustadizo; el otro rubio, de fácil atractivo a la vista con sus playeras desmangadas, un poco altanero, como “Heartstopper” es una historia de amor pero en el terreno del cine de terror, lo que la hace muy real. Hay rabia y tristeza, pero también amor.
