Tacones, medias de red, corsé y ninguna intención de pedir permiso. Cuando Tim Curry interpretó a Frank-N-Furter en The Rocky Horror Picture Show en 1975, llevó al cine comercial un personaje que jugaba abiertamente con el género, el deseo, la androginia y el camp. Medio siglo después, su influencia sigue apareciendo en la cultura queer y en el lenguaje visual del drag.
Curry ya había interpretado al personaje desde 1973 en el musical londinense The Rocky Horror Show. Lo que comenzó sobre el escenario terminaría encontrando una audiencia mucho mayor en el cine y, eventualmente, una comunidad que convirtió la película en algo más grande que una historia de culto.
¿Por qué Frank-N-Furter se convirtió en un ícono queer?
Frank-N-Furter combinaba elementos tradicionalmente masculinos con una estética deliberadamente hiperfemenina: maquillaje intenso, corsé, ligueros, joyería y tacones. Pero lo verdaderamente disruptivo estaba en su actitud. Frank no pedía permiso para existir.
El personaje disfrutaba del deseo, la sensualidad y su propia teatralidad sin intentar hacerlas más cómodas para quienes lo observaban. Aunque sería impreciso definir simplemente a Frank-N-Furter como una drag queen, su construcción comparte códigos fundamentales con el drag: transformación, exageración, camp y la utilización consciente del género como parte del espectáculo.
Curry consiguió además que toda esa extravagancia funcionara porque interpretó al personaje con absoluta convicción. El corsé podía ser excesivo; Frank jamás parecía avergonzado de llevarlo.
“Don’t dream it, be it”: una frase que trascendió Rocky Horror
Entre todo el caos de The Rocky Horror Picture Show quedó una frase que terminaría encontrando un significado especial fuera de la película: “Don’t dream it, be it”.
Para generaciones de personas LGBTQ+, aquella idea terminó conectando con la posibilidad de explorar la identidad sin esperar la autorización de alguien más. Y resulta difícil no encontrar ahí un paralelismo con el drag: imaginar quién quieres ser, construirlo y eventualmente atreverte a habitarlo.
The Rocky Horror Picture Show también creó comunidad
El legado queer de la película tampoco ocurrió únicamente sobre la pantalla. Sus famosas funciones de medianoche se transformaron en experiencias participativas donde el público comenzó a acudir caracterizado, responder a los personajes e interpretar escenas. En esos espacios, muchas personas LGBTQ+ encontraron comunidad y la libertad de experimentar con vestuario, género y expresión personal.
Por eso Tim Curry como Frank-N-Furter continúa siendo relevante medio siglo después. No porque el personaje represente perfectamente nuestra comprensión actual sobre género o diversidad, sino porque apareció en pantalla cuando semejante despliegue de androginia, deseo y libertad todavía podía resultar profundamente provocador. Frank-N-Furter convirtió aquello que debía esconderse en espectáculo.