Hay shows que entretienen. Y hay otros que te abrazan sin pedir permiso.La Caricia vuelve. Y sí, estamos emocionados. Después de una primera edición que nos dejó con el corazón latiendo fuerte, regresa con una propuesta más ambiciosa, más diversa y más hambrienta de escenario. A La Carta no es solo un show de variedades. Es una declaración: el amor no se promete, se sirve.

Este 28 de febrero, en Sala Lirio, nueve artistas nos guiarán a través de 14 actos que van de la comedia al drama, de la interpretación a los ritmos latinos, del pole dance al burlesque. Todo bajo una misma premisa: distintas formas, pero siempre con amor.

La Caricia entiende el escenario como una mesa compartida. Cada acto es un platillo distinto. Algunos pican, otros reconfortan, otros seducen sin disimulo. Pero todos están cocinados desde la intención.

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El menú artístico, A la Carta

Abrimos con Juana Guadalupe, mística, idílica y atemporal. Una presencia que no necesita levantar la voz para ocupar la sala.

Luego llega Gianluca Cabraguez, insensato, salaz y jocundo. Esa energía que coquetea con el caos, pero siempre cae de pie.

Kim entra con su teibolerixis esquizofrénica y cachonda. Es intensidad cruda, es personaje que incomoda y fascina al mismo tiempo.

Blas pisa fuerte. Bellaco, neurodivergente y belifan. Su presencia es manifiesto y fiesta.

Lumara La Bióloga aporta el filo cínico, distraído y deliciosamente ñoño. Inteligencia con humor, que también es una forma de resistencia.

Beto Pérez, maestro, bailarín y coreógrafo, eleva el ritmo. Técnica, disciplina y pasión al servicio del espectáculo.

Dolly es magnética, audaz y libre. No pide permiso. Toma el espacio y lo transforma.

Marco Vega se presenta lúcido, sensible y presente. Y en estos tiempos, la presencia ya es un acto político.

María Rivera cierra con misterio, tristeza y cachondez. Porque el deseo también puede ser melancólico.

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Más que un show, una mirada; La Caricia Presenta: A La Carta

Lo que hace especial a La Caricia no es solo la variedad. Es la intención. No hay números aislados. Hay narrativa. Hay cuidado. Hay un hilo invisible que conecta cada acto.

En la primera edición lo vimos claro. No era solo entretenimiento. Era comunidad. Era complicidad. Era recordarnos que el arte drag y escénico no vive solo en la exageración, sino también en la ternura.

Este 28 de febrero hay dos funciones, 19:00 y 21:00 horas. Sala Lirio será el punto de encuentro. Y si algo nos enseñó la vez pasada, es que las reservas vuelan.

La Caricia regresa. Y sí, estamos listos para volver a probar ese menú. Porque cuando el arte se sirve con amor, una quiere repetir plato.

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